El eco del ritmo de tu cuerpo aún
rebota en las paredes de mi mente y mi cuarto. Te veo entre despierto y
dormido, a veces cuando leo, a veces cuando pienso. Estoy aún más conectado a
ti de lo pensaba; sin embargo, esa conexión ya no es lasciva. Hay veces que
escucho tus carcajadas y veo tu rostro embriagado de alegría y felicidad.
¿Cuándo todo acabo? ¿Te diste cuenta, tú? Porque la verdad, yo no. Hay veces en
que me levanto sintiendo que dejamos temas pendientes ayer. Recuerdo esas cosas
que hacía por ti muy temprano, incluso pudiendo poner en riego mis propias
obligaciones, mi trabajo, mi familia. Recuerdo nuestras caminatas nocturnas y
diurnas por las calles de Chiclayo, casi siempre después de comer algún bocado
y tomar algo helado. Siempre fuiste la acompañante perfecta de coloquios
racionales y temas amicales; por encima de mujer, fuiste amiga y camarada,
fuiste compañera y cómplice de hazañas y cotidianidades.
Caminamos por un tiempo, corto
para mi ahora; si hubiera sabido que sería tan corto, quizá no hubiera peleado
tanto; fueron aproximadamente 1 277.5 días a tu lado, riendo y llorando, porque
nos era fácil ir de un estado de ánimo al otro, como dos niños o como dos
ancianos.
Recuerdo que siempre creíamos que
no pertenecíamos a esta época, a éste tiempo, creíamos que nuestra época era la
pasada y que éramos un rezago de la historia. Sin embargo, ese rezago se
revoloteó tanto en el espacio que creo un tiempo paralelo, virgen, inmaculado,
sólo para ser vivido por dos amantes: tú y yo. Fuiste en ese lapso luna de mis
noches y sol de mis días. Tu figura tan bien labrada, hecha con amor y
paciencia, cada día me fue cautivando más y más, tanto que decidí estudiarla y
analizarla, para ello tuve que investigarla, escudriñarla; lo hice tantas veces
que ahora la llevo tan grabada en mi mente, más que a la forma de mi propio cuerpo,
de mi propio rostro, más que a mi propio nombre. Tu inteligencia, tan fresca,
tan sobria, tan rauda, tan nueva, me hizo ver un lado femenino diferente, muy
interesante y a la vez muy escaso en estos tiempos.
De esta forma todo se fue uniendo
y se fue caminando y avanzando hasta que un día llegara al final, al término
del camino; me sentí como aquellos escaladores cuando llegan a la cima de una
montaña y creen ser los dueños del mundo; sin embargo, por cosas de la vida
bajan de picada, y la cuesta abajo incluye tropiezos, caídas, cortes y tajos.
Estando abajo ya, cada uno tiene que sanar y curar sus heridas; pero ese hecho
no les quita nunca de la memoria que ambos en algún momento conquistaron el
mundo, la cima, el cielo…!!!
Orlando Davinci
21/11/13