miércoles, 22 de enero de 2014

Te soñé…!!!


A
yer soñé que estábamos juntos en una feria; esas ferias donde se venden de todo, desde agujas hasta autos; estábamos juntos caminando y mirando todo y a la vez nada, como queriendo comprar y no comprar al mismo tiempo. No sabía que eso se podía hacer también en los sueños, porque pensaba que por el hecho de ser nuestro sueño podríamos inventar que teníamos el suficiente dinero para poder  así llevarnos tranquilamente todo lo que se nos venga en gana, pero no, no fue así.
Entonces pasamos sin querer por un stand donde se vendían bicicletas, entonces te dije: Mira bonita, esa “ticla”[1] se parece mucho a la que de chibolo teníamos en la familia y le robaron a mi hermano Manuel. A lo que tu respondiste: Qué, en serio? Así fue como empezamos a hablar de la forma en que la robaron y cuánto tiempo la había utilizado hasta el cansancio. Te conté también que de chibolo fue al club de ciclismo que tenía el IPD, que en aquellos tiempos quedaba en el estadio Elías Aguirre, en uno de sus cubículos; realmente era dos, pero parecía uno desde afuera.
Llegué a conocer el Club de ciclismo gracias a Bencer; quien hasta ahora es mi amigo y ya es padre de una linda niña; el invito a un grupo de mocosos, dentro de los cuales estaba yo, casi todos en el mismo rango de edades. Recuerdo que la pasábamos muy bien practicando en el club, hacíamos el calentamiento y luego montábamos; obvio que no era cualquier bici, eran bicis de carreras, esas que tienen las llantas delgadas, que daba la impresión que al primer contacto con el suelo podría reventar y además tenía ese timón con fierros en forma de “C” a sus lados, que parecían los cuernos de un carnero. Recuerdo también que nosotros solíamos dar vueltas y vueltas en un espacio semicircular dentro del estadio, no era demasiado pequeño, pero creo que tampoco era el adecuado para practicar la disciplina como se debe; creo que por ello a veces nos sacaban y nos llevaban desde Chiclayo hasta Lambayeque, eso sí era alucinante, se necesitaba mucha energía y ganas para poder ir y venir. Teníamos un profesor, el profesor Walter, quien al final de los entrenamientos nos hacía limpiar las bicis, aceitarlas y dejarlas tal cual las habíamos encontrado. Él era el encargado de velar por la integridad de los equipos y de nosotros; lo que hacíamos al final creo que era lo más tedioso y aburrido; quizá por nuestras edades; por nuestra poca costumbre por el orden y por la limpieza, pero bueno, así fue nuestra vida y cada uno de nosotros tenía que hacer lo que mandaba el profe. Así que después de un día entero de corretear con las bicis, dejábamos todo en su sitio y en su lugar.
Esas temporadas que duro el club de ciclismo, fueron  los mejores veranos de mi pubertad, los cuales recuerdo con mucha alegría y nostalgia. Recuerdo también que, yo era un chibolo gordito y pesado, mis apodos eran: “Bolita” y “Royalito” en alusión a al pequeño muñeco rojo y aguado que salía en los comerciales de  Gelatina Royal. Al comienzo me molestaba un poco que me llamaran con esos sobrenombres, pero con el tiempo hasta llegaron a gustarme.
Entonces, continuando con el sueño, al terminar de contarte todo a medida que estábamos caminando, hiciste una parada y me dijiste que tenías muchas ganas de ir al baño, entonces como habíamos visto uno por el camino recorrido, me dijiste: Orli, espérame, ya vuelvo, mira por aquí, no es necesario que me acompañes, no te vayas a ir lejos. A lo que yo respondí: ya bonita, está bien! A medida que te alejabas vi tu hermosa figura que se alejaba poco a poco en dirección al baño y pensé: que linda que está, me gusta hasta cuando la veo caminar, seguí mirándote hasta que te perdiste en el sendero rumbo al baño. Yo seguí mirando de todo un poco, por unos minutos, hasta que me percate que no regresabas, miré mi reloj y vi que sólo había pasado quince minutos, luego pensé y dije: bueno, no es mucho, esperaré un poco más.
Dentro de unos cuantos minutos paso algo totalmente inesperado para mí, era inverosímil creer que podías haber hecho eso, jamás paso por mi mente que me darías esa sorpresa.
Tú venías a mi encuentro muy feliz, con una sonrisa de oreja a oreja, tan linda y radiante como siempre y a tu costado derecho estaba contigo la bicicleta que te había indicado en el paso por aquel stand. Te acercaste a mí, me diste un beso en la mejilla y muy cerca al oído me hablaste tan tranquila y suavemente, como un ángel, me dijiste: espero que te guste Orli, te la doy con mucho amor. Yo te abrace y te llené a besos, en tus labios, en tus mejillas, en tu frente, en tus ojos, en tu nariz, en tu mentón y en tus orejas. Tanta fue mi emoción que desperté al instante, como una alma sobresaltada que siente un terremoto por dentro, abrí los ojos y vi el techo blanco de mi cuarto, por un momento habría dado parte de mi vida por hacer que ese sueño sea realidad, me senté y abrí el ropero que está muy cerca de mi cama, me miré en el espejo que está en una de sus puertas y me di con una gran sorpresa al ver mi rostro lleno de felicidad.

Orlando Davinci
22/01/14


[1] Palabra con la cual solemos nombrar a una bicicleta